Datos heredados de la misión K2 de Kepler y observaciones de seguimiento identificaron un planeta del tamaño de la Tierra, HD 137010 b, que orbita una estrella más fría y tenue que el Sol.
El planeta recibe menos de un tercio de la energía que llega a la Tierra. Las estimaciones sitúan su temperatura superficial media cerca de −90 °F (unos −68 °C), por lo que sería un desierto de hielo y roca bajo una luz débil, muy lejos de la idea de una segunda Tierra habitable.

Precisamente por ser similar en tamaño a la Tierra pero mucho más frío, el planeta funciona como laboratorio natural para estudiar cómo influyen la distancia a una estrella, el tipo de estrella y la composición atmosférica en el clima de los mundos rocosos.
El hallazgo, liderado por Alexander Venner y destacado por NASA, recuerda que en un Universo frío y hostil la Tierra es una excepción cálida y frágil.
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