Thelma no creció soñando con el espacio. Durante su infancia quería estudiar medicina, hasta que un proyecto escolar sobre planetas encendió una curiosidad nueva. Con los años, esa chispa se convirtió en una decisión firme, incluso ante comentarios que cuestionaban su lugar en la ingeniería por ser mujer.
Las voces que intentaban detenerla terminaron por darle impulso. Durante proyectos técnicos y competencias enfrentó inseguridad, jornadas agotadoras y retos que parecían rebasarla. Allí comprendió que aprender también significa equivocarse, insistir y volver a intentar.
Nunca vas a estar preparada para las cosas. O lo haces, o se te van las oportunidades.
Liderar también es dudar
Su paso por AAFI transformó sus habilidades técnicas y su manera de verse. De evitar hablar en público pasó a dirigir proyectos, gestionar equipos y asumir la presidencia de la asociación en uno de sus momentos más complejos.
No romantiza el liderazgo: hubo dudas, cansancio y momentos en que pensó rendirse. Aun así decidió quedarse y convertir la incertidumbre en trabajo colectivo.
Soñar en colectivo
Su visión es crear tecnología aeroespacial mexicana y construir oportunidades para nuevas generaciones. La exploración espacial, como la transformación social, no es un esfuerzo individual.
Thelma reconoce que su mayor red de apoyo ha sido femenina: su mamá, su hermana y sus compañeras. Cada vez más mujeres ocupan espacios dentro de la ingeniería y forman comunidades que se acompañan, protegen e impulsan.
Siente todo lo que tengas que sentir, pero nunca te rindas.
Origen de esta historia
Publicado originalmente en Órbita No. 9 · Marzo 2026
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