Hay cosas en el universo que nos cautivan naturalmente. Para Jorge Alfredo Ferrer fue imaginar el espacio y sus posibilidades. Desde niño le gustaban la ciencia ficción y las naves; su primera motivación era convertirse en astronauta.
Su camino, sin embargo, no comenzó con una decisión clara. Deliberó entre la música, la filosofía y la ciencia antes de elegir la ruta que podía acercarlo al espacio. Estudió Física en la UNAM y, aunque la disciplina le representó retos, la terminó summa cum laude.
Lo único que me daba la fuerza era decir: este es mi sueño.
Un camino no lineal
Después de graduarse, Ferrer trabajó en la industria farmacéutica. Debía decidir entre continuar por una ruta comercial o regresar a la academia para perseguir su vocación. Eligió volver y orientar su formación hacia la ingeniería mecánica y aeroespacial.
En la Universidad de Notre Dame conectó la física con una visión aplicada. Su trabajo en semiconductores y transferencia de calor encontró un rumbo espacial: la ingeniería se convirtió en el medio para transformar conocimiento en tecnología.
Llegar a la UAT y construir desde cero
Durante el último año de su doctorado, cuando evaluaba oportunidades en compañías aeroespaciales de Estados Unidos, su asesor le habló de un grupo que comenzaba a desarrollar proyectos satelitales en Querétaro. Buscaban a alguien con experiencia térmica. Ferrer llegó a una Unidad de Alta Tecnología que todavía era un sueño en desarrollo.
Con el tiempo, la UAT se consolidó como un espacio para sistemas satelitales, pruebas espaciales e ingeniería avanzada. Proyectos como Cóndor y Quetzal ayudaron a dar credibilidad al equipo e impulsaron laboratorios capaces de probar componentes en vacío y ante cambios extremos de temperatura.
Crear esa infraestructura exigió diseñar, adaptar y construir soluciones que no existían en el país. Para Ferrer, esa es una parte esencial de hacer ingeniería en México: crear las condiciones para que la tecnología pueda existir.
Cuando yo llegué, todo lo que ahorita hay no existía.
Tecnología para las necesidades de México
El desarrollo espacial va más allá de cohetes y astronautas. Puede mejorar la conectividad de zonas remotas, dar independencia satelital y producir imágenes del territorio sin depender de agencias externas. Ese trabajo reúne materiales, electrónica, telecomunicaciones, mecánica y muchas otras especialidades.
A quienes quieren acercarse al sector, Ferrer recomienda construir bases sólidas en matemáticas, física, lectura, escritura e inglés. Su consejo decisivo es más sencillo: acercarse, leer, preguntar y perder el miedo. Esperar a tener el mapa completo puede impedirnos empezar.
Mi sueño es que algo de lo que haya hecho aquí en la Tierra esté volando allá en el espacio.
Origen de esta historia
Publicado originalmente en Órbita No. 12 · Junio 2026
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