Teletransportación, velocidad de la luz o viajes en el tiempo: existen muchas teorías para explicar cómo Santa Claus reparte tantos juguetes en unas horas. Aquí se propone otra perspectiva: quizá la clave sea el Warp Drive.
Para estimar la travesía se supone que Santa vuela en contra de la rotación terrestre, lo que le da 32 horas de viaje; que visita a más de 2 mil millones de niños, con un promedio de dos niños por hogar; y que recorre 110 millones de kilómetros. Eso equivale a visitar 31,250,000 hogares por hora, unos 8,680 por segundo, con apenas 0.000115 segundos por hogar. Su velocidad media sería de 3,437,500 km/h, o 954,861 m/s: unas 2,800 veces la velocidad del sonido.
No existe tecnología actual capaz de alcanzar esa velocidad. El físico mexicano Miguel Alcubierre propuso una teoría que altera el espacio-tiempo para viajar más rápido que la luz sin romper la relatividad general. La nave se encapsula en una burbuja que contrae el espacio delante y lo expande detrás; así, no se mueve por el espacio, sino que deforma el espacio a su alrededor.

Un obstáculo es la enorme cantidad de materia negativa necesaria para crear la burbuja. Una burbuja diminuta, del orden de 10⁻¹⁵ m, reduciría la energía requerida, aunque esa energía negativa solo existe en escalas microscópicas y durante fracciones de segundo. Santa necesitaría entonces un carruaje diminuto por fuera pero enorme por dentro, como las cabañas de Harry Potter o la TARDIS de Doctor Who.
Con Warp Drive y un trineo con propiedades similares a la TARDIS, Santa podría completar su misión respetando la relatividad general, evitando la dilatación del tiempo y disfrutando sus galletas en cada hogar. La próxima Nochebuena, un zumbido en el techo podría ser física cuántica en acción.
Por Ari Huizar.
Origen de esta historia
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