La trayectoria científica de Diana Rojas nació de una curiosidad temprana por entender el mundo. En secundaria participó en un programa de la Academia Mexicana de Ciencias que le permitió realizar una estancia de verano con un investigador de la UNAM.

Eligió el Instituto de Geofísica y encontró en la investigadora Silvia Bravo una mentora que la impulsó a estudiar Física. Aquel proyecto, hoy conocido como Veranos de Investigación, confirmó su decisión de dedicarse a la ciencia.

La formación fue exigente y tuvo que conciliar vida familiar, licenciatura, posgrado y trabajo científico. Ese proceso fortaleció su determinación.

Cualquier cosa que quieran hacer es posible; los caminos no necesariamente van a ser los más sencillos, pero no son imposibles.

Observar lo invisible

Diana estudia procesos del sistema solar a partir de datos de misiones espaciales. Su especialidad consiste en encontrar evidencia medible de fenómenos que no vemos y que ocurren a millones de kilómetros.

El viento solar es un flujo constante de partículas emitidas por el Sol. Ella lo explica como el agua de un lago que encuentra piedras en su camino: cada planeta interactúa de forma diferente. La Tierra y Mercurio tienen campos magnéticos propios; Venus y Marte no, por lo que la respuesta cambia.

Del modelo a la vida cotidiana

Las partículas de alta energía pueden producir tormentas geomagnéticas y auroras, pero también afectar telecomunicaciones y redes eléctricas. Diana desarrolla modelos numéricos y simulaciones para estudiar esos procesos y reconstruir cómo pudieron ocurrir en el pasado.

Aunque la ciencia básica puede parecer abstracta, construye el conocimiento que luego permite diseñar instrumentos, tecnologías y mejores formas de explorar el universo. Para que ese futuro exista, también es indispensable que quienes toman decisiones mantengan interés en la ciencia mexicana.

ARCHIVO EDITORIAL

Origen de esta historia

Publicado originalmente en Órbita No. 7 · Enero 2026

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ESCRITO POR

Sofía Cuevas

El viento solar es invisible, pero puede producir auroras, alterar telecomunicaciones y revelar cómo interactúan los planetas con su estrella.