Alimentar a una persona en una estación que viaja a 28 000 km/h y completa una órbita en 90 minutos exige resolver problemas de física, química, fisiología y psicología. En microgravedad la deglución sí es posible gracias al peristaltismo del esófago, no a la gravedad.
Las primeras misiones usaron tubos de aluminio con pasta de carne, hígado o puré de manzana. También se emplearon cubos comprimidos y cubiertos de grenetina para evitar migajas que pudieran dañar equipos o ser inhaladas.

Cuando las misiones se hicieron más largas, la NASA comprendió que comer mal afectaba el ánimo y el rendimiento. La liofilización congela el alimento y elimina el agua en vacío, conservando buena parte de su estructura y sabor al rehidratarlo. El sistema spoon-bowl permitió agregar agua caliente y comer con cuchara.
Los menús son preparados por nutricionistas, ingenieros, chefs y médicos. Se consideran preferencias culturales, cambios en el gusto y la pérdida de masa muscular y ósea. Las tortillas de Rodolfo Neri Vela sustituyeron al pan en misiones posteriores.
Pan, refrescos, cerveza y otros alimentos con migajas o comportamiento problemático de fluidos están restringidos. Para viajes a Marte, proyectos como Veggie y Advanced Plant Habitat exploran cultivar alimentos en el espacio.
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