Rostro de plata
ATERRIZAJE
CREATIVO
I
Una estrella se derrama en miles de universos, un satélite frío y sin corazón sigue el rumbo de quienes
han marcado su destino. Pero tú, virtud y leyenda, protagonista de escándalos y guerras, eres ajena al
tiempo. Te alejas de un mundo que sabes perdido y te alzas poderosa, consciente del daño que tu
partida causaría. Ignoras cualquier idea que surja de aquellos que no pueden cuidarse solos, de los que
derraman sangre y destruyen vidas en tu honor. Pero eres sabia, no necesitas de ningún reflector ni de
algo tan insignificante como la eternidad. Madre, diosa, reina. Todo título queda corto si se trata de ti.
Fuiste guía de quienes reconocían su papel en el mundo, de quienes lo abrazaron con orgullo y
cumplieron con humildad. Pero de eso hace ya mucho, ¿no es verdad? Desde el día en que pensaron
reclamarte y no fuiste más un ser inefable, sino algo tangible: un pedazo de roca que podía exhibirse
detrás de un cristal. Valiosa como para ser robada, pero no como para merecer respeto.
Si todo lo que queda después de una partida es el recuerdo, tú nunca conocerás la muerte, si es que
alguna vez tuvo sentido esa palabra. Vivirás por siempre, en canciones e historias. Incluso después de
que el último ser en la Tierra desaparezca y no queden más memorias, tu belleza no perderá significado,
contemplarás el mundo como lo has hecho siempre: sin juicio, sin rencor.
II
Una semana antes me resigno, me creo
indiferente a ti. El día en que llegas te maldigo por
ser tan inoportuna, por negarme el equilibrio que
tanto anhelo. Mi mundo se paraliza, ya no soy la
misma de antes. El tiempo sigue y todos parecen
ajenos a mi corazón. No hay alivio ni esperanza.
Todo es miedo: a mi cuerpo, a mí misma. Un dolor
reconocible llega, me detiene. Tu rostro de plata
me mira con tristeza. No debería ser así, nadie
debería
acostumbrarse
al
sufrimiento.
Nadie
debería contar los días para volver a empezar.
Intento cubrir la evidencia, porque todo es un
secreto,
vergüenza.
Nadie
quiere
enterarse,
mucho menos quien nunca ha vivido nada
parecido. Justo cuando creo que no puedo
soportar más, cuando el rostro ya no puede fingir
y la carne está más hinchada, todo se detiene.
Luego te miro, me relajo, te agradezco y me repito
que ya pronto pasará. Pienso en ti como un
regalo, nunca como un castigo. Eres la única a la
que le confiaría mi vida, la que seguirá allí cuando
toda mi juventud se haya ido, cuando ya nadie
reconozca la belleza que tú siempre has visto en
mí. Y entonces pienso que ningún sufrimiento se
compara con dejar de ser quien soy, con vivir en
un mundo sin ti. Y te abrazo, ya no hay más
rencor, solo la alegría de tenerte junto a mí.
III
Dos saltos hacia ti, el futuro. Un conejo
pequeño, niño y hombre. Una madre celosa, una
amante despiadada. Amiga, creadora, hermana,
dueña de la oscuridad. Reina caprichosa y
severa,
pero
nunca
injusta.
Te
llamaron
conquista. A ti, que no conoces las cadenas.



Origen de esta historia
Pieza desarrollada para el archivo web de Órbita y revisada por el equipo editorial.
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