Corre el año de 1965, las desapariciones van en aumento y aún no se conoce con exactitud la causa de los sucesos, pero tanto mi tripulación como yo, estamos preparados para adentrarnos en ese terreno maldito.

Recientemente se la ha dado el nombre de “Triangulo de las Bermudas” a ese terreno enigmático que ha devorado embarcaciones enteras sin dejar un solo rastro. No pienso permitir que eso siga ocurriendo, llevo meses financiando y preparando esta exploración, y en menos de una semana, la iniciaremos.

Ya he juntado a los necesarios, un equipo de 20 personas compuesto por científicos y militares experimentados, sé que mi ambición permitirá que la historia nos recuerde con grandeza, tanto nuestros nombres, como el de mi vehículo: El submarino Neptuno-96.

Rumbo al muelle en donde nos esperaba el Neptuno, mis pensamientos e ideas solo podían centrarse en la emoción que tenáa sobre mi mas grande proeza. Mi nombre en libros de historia, canciones sobre mi hazaña, el reconocimiento de científicos y exploradores, es simplemente deleitante y hace valer cada centavo que puse en esta misión, ¡Puede que hasta hagan una película! Una vez en el muelle, estábamos listos, mapas, brújulas, comida, y una determinación absoluta por parte de mi equipo era lo necesario para empezar a adentrarnos en la corriente. Cerrando la escotilla y despidiéndome de mi equipo en tierra, comenzamos el viaje.

Había pasado suficiente tiempo desde nuestro descenso como para que los rayos del sol comenzaran a hacerse más tenues e imperceptibles. El tragar saliva y conversaciones por parte de mi tripulación era lo único que llenaba el sofocante silencio del lugar, mientras gradualmente comenzaba a emerger una incomodidad e incertidumbre desde el oscuro paisaje.

Las lecturas no mostraban nada fuera de lugar, proseguiremos con los análisis. A pesar de lo tenebroso del lugar, la euforia de ser los primeros en descubrir los secretos que aquí yacen ocultos, ayuda a que me concentre adecuadamente.

Nuestro coloquio se vio devorado ante el inesperado ruido del Sonar. A medida que el ruido se hacía más constante e inquietante, la carcasa del Neptuno comenzaba a vibrar. El Sonar revelaba que algo se acercaba rápidamente, así que, apuntando con los reflectores, y pegados a las ventanas, nos preparamos para el avistamiento. Pasaron solo unos segundos, sin notarlo había aguantado la respiración todo ese tiempo, para cuando nuestra adrenalina estaba por desbordarse, las vibraciones y el ruido comenzaron a disiparse lentamente.

Un solo suspiro de alivio basto para que éstas se intensificaran de golpe y esta vez se vieron acompañadas de un rugido que resonó en cada rincón de mi estómago. El notar que el Neptuno se movía como si una corriente abismal lo empujara, basto para hacerme reaccionar y mover frenéticamente la palanca que controlaba al Neptuno. El ruido del sonar se mezclaba con mis latidos, mi mente empezaba a jugarme en contra, cada musculo de mi cuerpo se contraía como si esperara un ataque, uno que me arrancaría los huesos de una sola mordida.

Pronto el sonar dejo de emitir señales, y poco a poco pudimos volver a respirar con casi total tranquilidad. La presión se elevaba a medida que nos adentrábamos a lo inexplorado, por cuestiones de seguridad tuvimos que sellar las ventanas cubriéndolas de acero sólido, lo único que nos quedaba para saber que estaba ahí, era el sonar, las luces, y la cámara acoplada a la Proa del Neptuno.

Los metros descendidos apenas habían alcanzado las tres cifras, sin embargo, mi coherencia comenzaba a sentirse prisionera del limbo metálico que me protegía de este infinito océano infectado. Las paredes del Neptuno parecían cambiar de enormes a sofocantemente pequeñas con cada parpadeo que daba, a pesar de que el oxigeno era suficiente, notaba que me empezaba a costar respirar y pensar con claridad, casi como si algo me quisiera jalar o extirpar del Neptuno, y las leves fallas que hacían que las luces parpadearan de vez en cuando, las sentía como respiraciones provenientes del propio submarino.

El tiempo parecía alterarse pasados los 200 metros, no sabía si habían pasado minutos, horas o incluso días desde que mis manos habían empezado a temblar inconscientemente. El susurrante vibrar del metal parecía fundirse con mis pensamientos en una amalgama de susurros y recuerdos. Un terror acechante recorría mi estomago en todo momento, como si mis miedos habitaran en esas aguas que no era capaz de ver pero que sabía de su existencia, por instantes creía ver un reflejo de mi dentro del submarino, un reflejo de una versión que había cometido errores, que se había humillado, que se había equivocado. El ver personificados sucesos que no quería recordar, hicieron que descargara mi ira acumulada como gritos e insultos hacia las alucinaciones, siendo mi tripulación la que sentía ser la causante de mis palabras.

No sé cuánto tiempo había pasado, ni como había ocurrido, pero veía borrosamente a uno de mis hombres en el piso gritándome algo mientras otros me sujetaban, me sentía mareado, muy mareado. Mis nudillos me dolían mientras veía de reojo que uno de los científicos me reclamaba algo mientras me señalaba, para seguido de eso señalar algo en el piso, algo con una silueta… reconocible, familiar y humana. Vi muy escasamente como unas siluetas se abalanzaban contra mi, sujetándome y descubriéndome el hombro. Creo que después de eso comencé a recuperar la claridad de mis ideas, mi hombro me dolía un poco, y solo veía a mi querida tripulación observarme con una mirada triste, enojada y casi culposa.

Antes de la profundidad esperada, el sonar revelo alguna estructura. Con la mente mas clara, apunte con la cámara y las luces hacia la plataforma detectada. Parecía ser una montaña, una que en alguna era muy lejana estuvo poblada, pues rocas con formas geométricas y extraños tallados en su superficie solo pudieron ser hechas por alguna civilización inteligente.

Conforme recorríamos las ruinas, nuestros sensores comenzaron a detectar algo proveniente de una cueva innecesariamente grande a un costado de la montaña. Al entrar, la cámara comenzaba a presentar interferencia, las brújulas se movían de un lado a otro, e incluso el reloj que llevaba en la muñeca pareció detenerse por completo. La cámara se había llenado por completo de interferencia, solo durante breves segundos era capaz de mostrar imágenes. Imágenes que solo mostraban paredes distorsionados y pasajes con ángulos que no parecían coincidir o tener sentido. Estaba bastante desproporcionado y daba una horrenda sensación de que las paredes que ahí habitaban se extendían en una oscura infinidad de rocas enormes.

Mientras mas nos adentrábamos, la tensión en el lugar se hacia notar cada vez más, algunos querían regresar, y unos pocos queríamos seguir adelante. La discusión rápidamente obtuvo una respuesta en común, pues el sonar volvió a detectar algo justo detrás de nosotros. La cámara mostraba un camino aún más desproporcionado, el Neptuno vibraba con un ritmo que parecía advertirnos sobre algo, algo que estaba cada vez más y más cerca de nosotros. Y sin mas rutas de escape, pusimos los motores en marcha y recorrimos el pasadizo.

El túnel nos llevo a una sala inmensa que resonó en el radar, el único camino que se nos mostró, era un oscuro descenso hacia lo que parecía ser una entrada al inframundo. Intentamos ver si había más salidas, pero estas eran inexistentes, el Neptuno vibraba cada vez más, el sonar mostraba que algo se acercaba cada vez más, así que en un ultimo intento desesperado, le dije a mi tripulación que enviaran el siguiente mensaje por radio: “Habla el capitán Morgan, doy registro del que tal vez sea nuestro último mensaje en vida: La presencia de Una Bestia que nos ha estado cazando las últimas horas, nos ha obligado a descender en un abismo que parece no haber visto vida en milenios. Estamos asustados, estamos confundidos, el Neptuno no resistirá por mucho, pero nos negamos a ser víctimas de un terror encarnado”.

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ARCHIVO EDITORIAL

Origen de esta historia

Pieza desarrollada para el archivo web de Órbita y revisada por el equipo editorial.

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ESCRITO POR

Aram Cuevas