La historia de la exploración espacial suele narrarse como una secuencia de logros tecnológicos. Apollo 13 demostró la fragilidad fisiológica humana y la importancia de controlar el microambiente químico y físico.
Apollo 13: una misión al borde del colapso
La misión despegó el 11 de abril de 1970 con James Lovell, John Swigert y Fred Haise. Aproximadamente 56 horas después, una explosión en un tanque de oxígeno alteró el curso de la misión.
La pérdida de oxígeno comprometió también electricidad y agua. La tripulación abandonó el módulo de mando y se refugió en el módulo lunar, diseñado para dos personas durante 45 horas, pero usado por tres durante casi cuatro días.
El problema del CO₂
Cada astronauta producía entre 200 y 300 mL de CO₂ por minuto. Los cartuchos de hidróxido de litio del módulo lunar se agotaban y los del módulo de mando eran incompatibles: cuadrados frente a cilíndricos.
Los ingenieros improvisaron un adaptador con cinta, bolsas, cartón, mangueras y componentes disponibles para forzar el aire a través de los cartuchos cuadrados. La solución evitó hipercapnia, deterioro cognitivo y el colapso fisiológico.
Legado
Apollo 13 convirtió una tragedia potencial en un triunfo de razonamiento técnico bajo presión y mostró que la supervivencia depende tanto de la ingeniería como de la fisiología.
Origen de esta historia
Pieza desarrollada para el archivo web de Órbita y revisada por el equipo editorial.
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