La cápsula Orión de Artemis II necesitó algo más que combustible para seguir su trayectoria: aprovechó una transferencia de momento angular, un “atraco gravitatorio” a escala cósmica.
La asistencia gravitatoria puede imaginarse como una pelota de béisbol golpeada por un bate. La pelota recibe velocidad y cambia de dirección, mientras el bate pierde una cantidad minúscula de velocidad orbital. En el espacio, una nave aprovecha la gravedad de un planeta para impulsarse; el efecto sobre el cuerpo celeste es despreciable por la diferencia de masas.

La esfera de influencia es una frontera matemática alrededor de un cuerpo donde su gravedad domina sobre otras fuerzas. Para Artemis II, Orión utilizó la gravedad lunar para girar y regresar a la Tierra. Software como GMAT, Copernicus y Trick Simulation Environment permite calcular trayectorias, ventanas de lanzamiento y rutas de emergencia.
Diseñar una trayectoria consiste en mover una nave del punto A al B usando el menor combustible posible. Especialistas en dinámica de vuelo comparan miles de rutas y ajustan la trayectoria real con datos de la misión.
La autora aparece en la edición como estudiante de sexto semestre de Ingeniería Aeroespacial en la Facultad de Ingeniería de la UNAM, interesada en Física, Astrofísica y el desarrollo de un cohete experimental.
Origen de esta historia
Pieza desarrollada para el archivo web de Órbita y revisada por el equipo editorial.
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