¡Quiúbole, lector espacial! Soy Taquín, taco de canasta de nacimiento, divulgador por vocación y fan de los misterios cósmicos. Una noche, mientras Guacamolín y yo observábamos una lluvia de estrellas, una estrella fugaz pasó sobre el puesto.
—¿Sabías que vivimos en el pasado? —pregunté.
Guacamolín se quedó frío. Le expliqué que la luz de las estrellas tarda años en llegar hasta nuestros ojos. Algunas estrellas que vemos ya no existen; solo recibimos su luz, su última huella en el universo. Cada vez que levantamos la vista estamos mirando una historia antigua.

—Entonces, cuando veo la estrella más brillante, ¿estoy viendo recuerdos? —preguntó Guacamolín.
—Exactamente. El universo es como una memoria enorme: cada luz es un mensaje del ayer que viaja millones de kilómetros.
Guacamolín entendió que nosotros también somos un poquito historia: un diminuto instante dentro de algo infinitamente grande. Aunque vivamos mirando el pasado, cada cosa que hacemos puede iluminar el futuro de alguien más.
Así, entre salsas y limones, Taquín y Guacamolín descubrieron que también se puede hablar del cosmos, del tiempo y de las estrellas que ya no están, pero cuya luz sigue viajando para recordar que todo deja una huella.
Origen de esta historia
Pieza desarrollada para el archivo web de Órbita y revisada por el equipo editorial.
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