¡Quiúbole, lector espacial!
Yo soy Taquín, taco de canasta de nacimiento, divulgador por vocación. Hoy les voy a contar lo que pasó cuando Aila, una estudiante de ingeniería curiosa, fue por unos tacos con su tío Tenoch, un astronauta con más millas que un satélite ruso.
🚀 Spoiler: hablaron de tacos… pero en la Estación Espacial Internacional.

AILA: — Oiga, tío… ¿usted cree que se puedan comer tacos en la ISS?
TENOCH: — ¿Tacos? ¡Naaambre!, si pudiera, ya habría montado una taquería orbital. Pero no es tan fácil. Allá ni tortillas se pueden calentar.
AILA: — ¿Y eso por qué? ¿No hay hornillas o qué onda?
TENOCH: — En la Luna no hay atmósfera, mija. No hay oxígeno para hacer fuego como en la Tierra. Y como no hay presión, los líquidos hierven a temperaturas bajísimas… hasta el guacamole se te evapora.
AILA: — ¡No manche! ¿Y la salsa?
TENOCH: — Flota. Allá todo flota. Si abres una bolsa de salsa, las gotas salen volando y si una te cae en el ojo, se acabó el antojo.
AILA (suspirando): — O sea que ni si quisiera unos tacos de canasta, tendrían que estar deshidratados y sellados al vacío...
TENOCH: — Exacto. Allá comemos "tacos" en forma de pastas, polvos, cubitos... todo liofilizado. Les echas agua caliente, lo remueves y finges que es cochinita.
AILA: — ¿Pero el sabor?
TENOCH: — Pos… la comida casi no sabe a nada. En microgravedad, tus sentidos se apagan un poco. Como cuando tienes gripe. La congestión de fluidos te tapa el olfato. Sin oler bien, no puedes saborear igual. Ni el pastor te sabe.
AILA: — ¡Noooo! ¿Entonces no hay tacos sabrosos en el espacio?
TENOCH: — Solo los que traes en el corazón, mija.

🛰️ Y así fue, carnales. En el espacio no hay trompo, pero sí corazón. Y mientras haya alguien que ame los tacos… el antojo vive.
¡Espera el siguiente capítulo para conocer más ciencia con tacos!
Origen de esta historia
Pieza desarrollada para el archivo web de Órbita y revisada por el equipo editorial.
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