Contexto
Después de la guerra espacial de los 60's entre EUA y la Unión Soviética, la NASA necesitaba continuar llevando la delantera de una nueva forma donde pudiera mantener presencia humana en el espacio y ser capaces de realizar operaciones más frecuentes. Ante esta situación, la agencia espacial y el gobierno estadounidense crearon en conjunto el Programa del Transbordador Espacial de la NASA, también conocido como el Sistema de Transporte Espacial (STS). Este programa tenía como objetivo diseñar un cohete capaz de llevar personas a órbita repetidamente, transportar satélites e incluso que aterrizara como un avión en su reingreso a la Tierra.

El Challenger fue el segundo transbordador construido por la agencia después del Columbia, el cual anteriormente había completado 5 vuelos exitosamente. Este nuevo transbordador constaba de 3 partes: el orbitador, donde se encontraba la tripulación; un gran tanque colocado externamente para suministrar combustible a los motores principales; y dos cohetes propulsores de combustible sólido que funcionaban para darle la mayor parte de la sustentación durante los dos primeros minutos de vuelo.

El lanzamiento del Challenger estaba programado para realizarse el 22 de enero de 1986 pero fue retrasado varios días debido a problemas climáticos, técnicos y errores en el funcionamiento del sistema de escotilla de la tripulación. La misión finalmente se reprogramó para el 28 de enero de ese mismo año a pesar de las bajas temperaturas que se registraron en la mañana y la constante preocupación de los ingenieros.
La misión STS-51-L transportaba a 7 personas en cabina con el objetivo de desplegar el satélite de comunicaciones TDRS-B, realizar experimentos en microgravedad e impartir lecciones educativas desde la órbita como parte del programa Teacher in Space.
El 28 de enero de 1986, a las 11:38 AM se encontraban a bordo del Challenger Francis R. (Dick) Scobee, Michael J. Smith, Judith A. Resnik, Ronald E. McNair, Ellison S. Onizuka, Gregory B. Jarvis y S. Christa McAuliffe. Todo parecía transcurrir correctamente hasta que el vehículo emergió de "Max-Q", el período de mayor presión aerodinámica. El Control de Misión le indicó a Scobee: "Challenger, ve con el acelerador arriba", y segundos después el vehículo desapareció en una explosión solo 73 segundos después del despegue, a una altitud de 14,000 metros (46,000 pies). En las cintas rescatadas se registró la última comunicación de Smith exclamando un "uh-oh" para después escuchar un silencio. El cielo se vio envuelto en una lluvia de escombros, pero no había huella alguna de la tripulación.
El accidente se catalogó como uno de los peores registrados a nivel global, compitiendo en conjunto con lo sucedido con el Titanic, el atentado terrorista del 11 de septiembre o incluso la masacre de Tlatelolco. Guillem López, de 11 años, fue uno de los muchos que observaron el accidente desde televisión y lo describe como una huella emocional permanente en su memoria: "Tenía que escribir algo sobre el transbordador espacial Challenger. Era una especie de necesidad que arrastraba con los años. Fue una de esas cosas que marcan a una generación."
1. Francis R. (Dick) Scobee
Antes de comandar la trágica misión, Scobee nació el 19 de mayo de 1939 en Cle Elum, Washington. Se alistó a la fuerza aérea de USA formándose como mecánico de motores alternativos, pero tenía la esperanza de poder volar algún día. En 1965 completó una licenciatura en Ingeniería Aeroespacial en la Universidad de Arizona. Voló más de 45 tipos de aeronaves y acumuló más de 6500 horas de vuelo. Se casó con June Kent y tuvieron dos hijos, Kathie R. y Richard W. Su vida es sinónimo de superación: el mecánico que se convirtió en piloto, el piloto que se convirtió en astronauta, y el astronauta que sigue inspirando.
2. Michael J. Smith
Nacido el 30 de abril de 1945 en Beaufort, Carolina del Norte. En 1967 perteneció a la Academia Naval y obtuvo en 1968 una maestría en Ingeniería Aeronáutica. Fue seleccionado astronauta de la NASA en 1980, recibiendo el puesto de piloto del transbordador. Estaba casado con Jane Smith, con quien tuvo tres hijos. Como él mismo lo decía: "uno vuela mejor cuando sabe que tiene un hogar al que volver".
3. Judith A. Resnik
Nació el 5 de abril de 1949 en Akron, Ohio. Concluyó la carrera de ingeniería eléctrica en la Universidad Carnegie-Mellon en 1970 y en 1977 obtuvo su doctorado. Fue seleccionada como astronauta y encargada de desplegar el satélite STS-41-D en 1978, como parte del grupo que incluía por primera vez a mujeres y minorías. Sus amigos y familia la catalogan como alguien intelectual, enfocada en sus sueños sin importar las limitantes de género de la época.
4. Ronald E. McNair
Nacido el 21 de octubre de 1950 en Lake City, Carolina del Sur, se convirtió en uno de los primeros astronautas afroamericanos de la NASA. Se graduó con honores en Física en 1971 y en 1977 obtuvo su doctorado en electrónica cuántica. Destacaba en el área deportiva y tenía una gran pasión por la música, principalmente por tocar el saxofón; soñaba con grabar un álbum.
5. Ellison S. Onizuka
Onizuka nació el 24 de junio de 1946 en Kealakekua, Hawái, y fue el primer astronauta de ascendencia japonesa en ir al espacio. Obtuvo su licenciatura y maestría en ingeniería aeroespacial en 1967. La NASA lo seleccionó como astronauta y especialista de la misión en 1978. Constantemente asistía a charlas en escuelas y universidades para motivar a los estudiantes a inclinarse por la ciencia y la tecnología.
6. Gregory B. Jarvis
Los dos últimos tripulantes del Challenger no necesariamente eran figuras públicas, ni pilotos, ni militares. Jarvis nació el 24 de agosto de 1944 en Detroit, Michigan; estudió ingeniería eléctrica y maestrías en el mismo campo y en ciencias de la administración. Fue seleccionado por sus conocimientos en satélites de comunicaciones gracias a su trabajo en Hughes. Estaba encargado de realizar experimentos de fluidos bajo condiciones de microgravedad para futuras mejoras en los combustibles de cohetes.
7. S. Christa McAuliffe
Christa nació el 2 de septiembre de 1948 en Boston, Massachusetts, y quizás sea la muerte más emblemática de la explosión. Fue una maestra que impartía clases de historia y economía. Dentro de los 11,000 docentes que se postularon para el programa Teacher in Space, la NASA reconoció su entusiasmo y dedicación por la docencia. Su objetivo era transmitir y grabar clases para millones de estudiantes de todo el mundo, pero lamentablemente las transmisiones se vieron envueltas de oscuridad.

La tragedia del Challenger no solamente arrebató nombres que hoy se encuentran en placas conmemorativas, sino también se llevó a padres, soñadores, ingenieros y educadores. Más allá del compromiso que tenían con la misión, entregaron su vida por el conocimiento y ahora son estrellas que han logrado finalmente alcanzar el espacio. El Challenger no falló por falta de preparación; al contrario, sucedió debido al exceso de confianza institucional, lo que indujo a la pérdida de 7 personas que compartían el mismo sueño.
Fuente de consulta: NASA (biografías y Challenger STS-51L Accident) · ElDiaQue (2020) · Google Arts & Culture · Juan Uri (2018) · Kunz, M., Boletín Hispánico Helvético · Feynman, Engineering Science · Encyclopaedia Britannica (2009).
Origen de esta historia
Pieza desarrollada para el archivo web de Órbita y revisada por el equipo editorial.
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